En la decimoquinta entrega de la serie del comisario Brunetti, Donna Leon traslada la acción a las famosas fábricas de cristal de la isla de Murano. La muerte accidental de un trabajador desata una investigación que revela la cara más oscura de la industria: la contaminación ambiental y el manejo negligente de residuos tóxicos. Brunetti deberá navegar entre la lealtad familiar, los intereses económicos de los maestros cristaleros y la degradación de la laguna veneciana. Como es habitual en la autora, la trama policial sirve de pretexto para una aguda crítica social sobre la corrupción y la fragilidad del entorno natural.