Obra en la que Russell profundiza en la conexión entre los deseos humanos individuales y la organización de los estados. El autor argumenta que una política sana debe estar fundamentada en una ética que reconozca los impulsos vitales de las personas. Analiza el papel del poder, la educación y la religión en la formación de la conciencia colectiva, siempre bajo un enfoque racionalista y humanista.