Esta novela marcó el inicio de un fenómeno global: la saga del inspector Kurt Wallander. La historia se sitúa en una Suecia rural que empieza a perder su supuesta inocencia social. El asesinato de un matrimonio de ancianos en una granja aislada desata no solo una investigación policial compleja, sino también una oleada de racismo y paranoia en la región de Escania. Mankell presenta aquí a un Wallander humano, cansado y con una vida personal en crisis, alejándose del prototipo de detective infalible. Es un pilar de la novela negra contemporánea, combinando un ritmo de thriller impecable con una crítica social mordaz y necesaria.