Una pieza de cerámica que juega con la geometría y el color de forma audaz. Esferas brillantes en tonos cálidos y oscuros se despliegan sobre una estructura cilíndrica de líneas limpias, creando un diálogo entre la forma clásica y la decoración contemporánea. Cada bola pintada a mano aporta carácter e individualidad, transformando este florero en una escultura funcional que captura la luz desde múltiples ángulos.