Se podría pensar que la gente ya está cansada de tontas canciones de amor, pero miro alrededor y veo que no es así, cantaba Paul McCartney. Y esos versos parecen guiar la cámara de Karin Idelson en esta exploración de, por llamarlas de algún modo, las aplicaciones populares de las canciones románticas. Cumbia, soft-rock, reggaeton, pop, boleros, hits pegajosos de los 80 y de antes también (esa categoría que una FM etiquetó como viejitos pero buenitos): la música está en el aire de la ciudad, y canción de amor la atrapa en los lugares donde está tan naturalizada que casi no le prestamos atención, pero también, y especialmente, en los más ocultos o insólitos. Coros multitudinarios que interpretan a Queen, cantantes de restaurante, imitadores de Elvis; la radio que se oye desde el asiento trasero de un taxi, la música funcional de shoppings o hoteles de alojamiento y un largo etcétera registrado con indisimulable virtuosismo, desfilan en este documental tan curioso como lúdico para darle la razón a Sir Paul: el mundo está lleno de tontas canciones de amor, y no hay nada malo en ello.