La doble vida del fakir vuelve al escenario de una escuela en Sant Julià de Vilatorta donde en 1937, en medio de la guerra civil, un cineasta clandestino y niños huérfanos disfrazados de sultanes y exploradores filmaron una película de aventuras exóticas. Sus protagonistas reviven aquellos días de infancia cuando podían cambiar sus vestiduras por turbantes orientales mientras la realidad imponía su propia danza de disfraces con uniformes militares y sacerdotes vestidos de civiles.