En el agua, el pingüino emperador es como un delfín, elegante, potente y rápido. En tierra es todo lo contrario, torpe y desprotegido. Entonces, ¿por qué abandona su medio natural para caminar cientos de kilómetros a través de los inhóspitos y helados parajes y en medio de condiciones adversas hasta lo más recóndito de la Antártida? Sólo tiene un motivo y es esencial: la supervivencia de su propia especie.