Hace dos mil años, un hombre, Jesús de Nazaret, hijo de un carpintero, profesó palabras de paz, diálogo, hermandad, tolerancia... y fue reconocido por muchos como el Mesías, por otros como profeta, y por otros más, fue tachado de "revolucionario". Hoy en día, los lugares de su predicación son escenario de guerra, incomprensión, hostilidad, clausura. Lugares sagrados para las tres religiones monoteístas unidas y al mismo tiempo separadas por aquel pedazo de tierra tan árido y tan espiritual...