El Maestro de los Hilos es un juego de rol diferente. Aquí no hay grupos de aventureros ni héroes destinados a salvar el mundo. En la mesa existe un único personaje: la marioneta. Por otra parte, el titiritero (director de juego) no dirige mapas ni extensas aventuras: dirige una vida. Escena tras escena, va narrando el destino de la marioneta observando cómo sus decisiones, sus errores y sus miedos le van conduciendo, poco a poco, hacia la perdición. Los recolectores (jugadores) no interpretan personajes. No tienen fichas, ni estadísticas, ni cuerpo. Son presencias incorpóreas. Voces que susurran en la mente de la marioneta, tentándola, confundiéndola y empujándola a tomar decisiones cada vez más oscuras. Cuando llega el momento en que la corrupción es total, uno de los recolectores podrá arrancarle el alma, dejando atrás un cascarón vacío: un ser gris, sin voluntad ni propósito. Te sorprenderá su sistema rápido y directo: los recolectores lanzan los dados para influir en las decisiones de la marioneta; el titiritero lanza para descubrir las consecuencias. Sin tablas innecesarias. Sin reglas que frenen la tensión. Todo está diseñado para que la historia avance, se retuerza y termine despedazándose. Ningún artículo relacionado