Montado, este puzzle muestra toda la fuerza visual de La noche estrellada: un cielo lleno de remolinos en azul, turquesa y blanco, estrellas circulares muy luminosas, una luna amarilla dominante en la esquina superior derecha y el gran ciprés oscuro que sube desde el primer plano. Al armarlo, la experiencia cambia bastante según la zona: el pueblo y las colinas permiten avanzar por contornos más definidos, mientras que el cielo concentra buena parte del reto por sus pinceladas curvas, cambios de tono y patrones que se repiten sin ser idénticos. El formato horizontal y sus 68 x 49 cm hacen que el resultado terminado tenga presencia real en pared o sobre una superficie de trabajo amplia. Encaja especialmente bien en casa de quien ya disfruta los puzzles de 1000 piezas y quiere una imagen reconocible, con valor decorativo claro y un montaje más interesante que un paisaje fotográfico convencional. Que se trate de una de las obras más famosas de Vincent van Gogh añade además un atractivo inmediato al puzzle terminado, porque la imagen se reconoce al instante incluso a distancia.