El puzzle terminado muestra Belvedere, una de las composiciones más reconocibles de M.C. Escher: una torre abierta de tres niveles con cúpulas blancas, arcos repetidos y una escalera central que parece lógica a primera vista, pero empieza a descolocarte cuando miras cómo se conectan balcones, columnas y planos. La imagen está construida casi por completo en escala de grises, con contraste entre las zonas claras de la arquitectura y un fondo montañoso más oscuro. Al montarlo, el reto no depende del color, sino de distinguir sombras, líneas de perspectiva, barandillas, ventanas y pequeñas figuras humanas repartidas por la escena. Sus 50 x 70 cm y el formato vertical hacen que tenga mucha presencia una vez terminado, sobre todo si te gustan los puzzles que también funcionan como lámina decorativa. Encaja especialmente bien para aficionados a Escher, a las ilusiones ópticas y a los rompecabezas donde la dificultad nace de la composición visual más que de una paleta muy variada. Además, al tratarse de una imagen tan reconocible dentro del universo de Escher, el resultado final tiene un valor especial para quien busca un puzzle de arte con personalidad clara y un montaje menos rutinario que el de un paisaje convencional.