La música para el escenario juega un papel importante en la creación de Franz Schubert. Sin embargo, los dramas más grandiosos son sus dos ciclos de canciones basados en poemas de Wilhelm Müller. En ellos, la voz y el piano reviven juntos imágenes de la naturaleza y transmiten una narración de canciones cuyo aparente simplicidad engaña su profundidad emocional. Ambos ciclos están diseñados como viajes imaginarios. 'La bella Müllerin' asocia arroyos, artesanía, naturaleza y amor joven. Es más suave y agradable que la fría y áspera 'Winterreise', pero igualmente es una historia de desarraigo y muerte. En una entrevista con motivo de la primera publicación de esta grabación en 1997, Bo Skovhus habló sobre su intensa dedicación al contexto de los ciclos de canciones de Schubert y subrayó que el compositor omitió la puesta en escena de los 25 poemas de Müller no solo para el prólogo y el epílogo, sino también para tres poemas más con un tono irónico. Estos no encajaban en el serio concepto general de Schubert y perturbaban el curso de la acción. Skovhus compara el final del ciclo, 'Canción de cuna del arroyo', con el de 'Winterreise', la aterradora y escalofriante canción 'Der Leiermann'. Ambos cantos, al final, están desvinculados de la acción de la narración. Pero 'La bella Müllerin' termina con una atmósfera consoladora, en un momento de paz y con la esperanza de una vida posible después de la muerte: '... y el cielo allá arriba, ¡qué tan lejos está!'.