A medida que vamos creciendo, dejamos a un lado todas aquellas pequeñas cosas o actividades que en nuestra infancia, nos hacían sentir tan felices. Aquellas situaciones nos ayudaban a exteriorizar nuestras emociones y a compartirlas con los demás. A veces para comprender nuestro estado de ánimo, no está de más volver a aquellas situaciones donde nada nos molestaba, donde todo era calidez y nada nos preocupaba. Mediante el juego, el arte y el color despertaremos la creatividad que llevamos dentro y por medio de ella, intentaremos encontrarnos a nosotros mismos, conocernos mejor y ser un poquito más felices.