Henrik Pontoppidan, una de las figuras cumbres del realismo danés, ofrece en esta novela un fresco pormenorizado de la sociedad rural de su país a finales del siglo XIX. La obra narra la historia de un joven idealista que abandona la ciudad para convertirse en campesino, enfrentándose a los conflictos religiosos, políticos y sociales de la época. Con un estilo sobrio y una profunda capacidad de observación, el autor analiza el choque entre las aspiraciones espirituales y la cruda realidad material. Es una lectura esencial para comprender la transición hacia la modernidad en el norte de Europa.